martes, 15 de octubre de 2013

Más arte y menos tecnología.

-¿Y qué se supone que expresa esto? Si yo también puedo hacerlo...- dijo uno de los alumnos con un tono de risa y burla mientras contemplaba un cuadro de Vermeer.- Ni aunque me pasara dos horas mirándolo me transmitiría algo...

Mientras algunos de nosotros mirábamos al cuadro y escuchábamos estupefactos esa clase de comentarios. Y es que esa clase de comentarios es la que me hace plantearme si en realidad la sociedad de hoy en día lo está haciendo bien, sí nuestra generación en realidad podrá realmente llegar a sustituir a las anteriores. La respuesta es no. 

La mayoría de los padres no conciencian a sus hijos lo suficiente como para hacerles comprender lo importante que es el arte para la sociedad, y sobre todo, para lo que sirve, aunque muchos piensen que simplemente es un lienzo con unos cuantos brochazos. Pues no. Cualquier clase de arte tiene restos de historia, de maneras de pensar, de la cultura y de la sociedad de décadas, siglos o incluso milenios.

Yo, desde de mi punto de vista, que en mis tardes de viernes me dedico a pintar, esta sociedad me parece inaudita. No consigo explicarme como hemos llegado a este punto. Quizás hayamos dado demasiada libertad a esta generación a tan temprana a edad que ni siquiera nos haya dado tiempo a enseñarle un básico de cultura general como para poder manejarse en la vida sin quedar como unos "paletos" porque no hay otra manera de definirlo.


Esto me hace plantearme si realmente merece la pena que los pintores gastemos horas y horas, para que luego la nueva generación responda con esa clase de comentarios. Se le quitan a unos las ganas de expresarse, ya sea en arte abstracto, arte realista o cualquier forma de expresión del arte. Todas merecen ser tratadas por igual, y con igual no me refiero a tratarlas de manera inferior a la música que hoy en día, todos la tenemos idealizada y en muchos casos nos despreocupamos de la pintura. 


Siempre, desde que era una niña de cinco años y visitaba con mis padres una nueva ciudad, íbamos a museos de arte o de historia de esa sociedad que te ayudaban a comprender las diferentes fases porque las que ha pasado esa ciudad o ese país, y en muchos casos puede ser sorprendente. Al volver del viaje, les contábamos a mis primos todo lo que habíamos visto y ellos no podían creer que hubiéramos ido voluntariamente a un museo. 

Desde aquí, me gustaría pedir a los padres que por favor, en vez de dejar a sus hijos con el ordenador, con la PS3 y toda esa tecnología que los adolescentes usamos hoy en día, les saquen de casa y les lleven a los museos. Sobre todo en Madrid, que es una ciudad muy rica en arte. Enséñenles la importancia del arte antes de sigan creciendo, porque sino luego será demasiado tarde y entonces habrá pocas personas que en realidad sepan admirar el arte.